El lugar equivocado

El lugar equivocado
¿Qué ocurre cuando una persona está ocupando un lugar para el que no está preparada, en el que encuentra dificultades no previstas, o que había subestimado? Todo depende de sus cualidades humanas. En esta situación las personas pueden tener dos reacciones diametralmente opuestas. Algunas dañan a la empresa, otras se dañan a sí mismas.
El que empieza un nuevo trabajo, casi siempre está entusiasmado, lleno de ideas, de proyectos. Habla de ello con sus amigos, con sus familiares, pide consejos. Luego expone todo esto a sus superiores, busca su consentimiento, su aprobación y frecuentemente lo obtiene. Obtiene también una benévola actitud de espera por parte de sus colegas, que están esperando ver qué sabe hacer. La mezcla de entusiasmo y benevolencia produce una especie de luna de miel. Se beneficia con esto incluso el presidente norteamericano en los primeros meses después de una elección.
Luego la etapa del entusiasmo y del proyecto termina. Llega el momento de integrarse en la estructura organizativa y, sobre todo, llega el momento de traducir los proyectos en actividades concretas, de llevarlos a la práctica. Surgen las dificultades, el ambiente se muestra mucho más difícil de lo que había parecido. Empieza entonces a agitarse/se cansa, no logra su cometido.
Es en este momento en que entran en juego las diferencias de personalidad de las que habíamos hablado al comienzo. Existen dos tipos humanos opuestos, que reaccionan de manera opuesta. El primer tipo no se da cuenta de su ineficacia, no quiere verla o no logra admitirla. El segundo en cambio la reconoce.
Empecemos a hablar del primero. En primer lugar porque es el más frecuente, luego porque es el que produce los mayores daños. Este no entiende que no está a la altura de las circunstancia
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Se da cuenta de que se encuentra en dificultades cuando percibe que los demás obtienen resultados y él no. Incapaz de mirar dentro de sí mismo, su fracaso se le presenta objetivado: son los otros los que tienen éxito, los que ganan.
Su reacción es la envidia. Se pone a mirar obsesivamente los resultados de los demás, a mortificarse por lo que obtienen. Olvida sus programas y se deja absorber completamente por las charlas, se enreda en la maledicencia. Lleno de resentimiento, busca cómplices que estén de acuerdo con sus críticas. Luego empieza a obstaculizar al que tiene éxito. Lo hace utilizando cualquier medio, casi con sadismo.
Si este tipo de personas tiene una posición de poder, empieza a atormentar a sus subalternos. Los acusa de todo lo que le sale mal. A menudo se deja llevar por rabietas imprevistas, utiliza groserías, insultos, procacidades.
Luego, cuanto más empeoran las cosas, más se siente perseguido, rodeado de complots. Y así, poco a poco, empieza a elaborar una justificación ideológica de su fracaso. El mundo está corrupto, lleno de mañosos. Estos se ayudan unos a otros, hacen carrera. Pero él no quiere ensuciarse las manos, se mantiene apartado. Sí, sabe que lo discriminan, que lo persiguen. Pero es porque no se deja corromper, combate contra la podredumbre que lo rodea.
En todas las fábricas, en todos los ambientes, existen estos teóricos de la ruina, estos moralistas envenenados que se pasan el tiempo acusando y condenando.
Veamos ahora al otro tipo humano. Aquél que, en cambio, logra darse cuenta de que no tiene las cualidades necesarias para afrontar la situación. Incapaz de sentir envidia, busca ayuda. Pero frecuentemente los otros, acostumbrados a las maquinaciones, se la niegan. Poco a poco se alejan de él, lo dejan solo. Y él empieza a acusarse a sí mismo, empieza a deprimirse. Se abandona físicamente. A veces empieza a tomar alcohol. Si se trata de una mujer, descuida su aspecto. En suma, se arremete a sí mismo.
Para salir de esta situación autodestructiva, debe tener el coraje de aceptar su fracaso, de pedir él mismo que lo cambien de trabajo. Muchas veces nuestra incapacidad, como así nuestra capacidad, es especializada. Y si no tenemos éxito en un rol, podemos tenerlo en otro. La ductilidad es también saber cambiar